Entre la basura anda el Señor

Basurero el fortín

Entre la basura anda el Señor

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En León de Nicaragua, al igual que en todo el territorio nacional, la situación económica en este 2021 es muy precaria. Es difícil lograr un buen sustento para las familias. El barrio de la Providencia muestra aumento de la pobreza extrema, sin trabajo, con pandemia y mucho sufrimiento. Nuestras hermanas del colegio la Providencia nos cuentan su experiencia.

En los encuentros de MFA, entre oraciones y reflexiones sobre el Dios de la Misericordia, nos planteamos ¿cómo podríamos ser “las manos“ de Jesús y llegar hasta los pobres?. Se nos ocurrió que debía ser horrible vivir de los desperdicios de los demás… ¡Terrible! Así decidimos visitar el lugar donde los camiones tiran la basura.

La basura del fortín

Después de recorrer un largo trecho, por calles destapadas, solitarias, “adornadas” por recicladores de todo lo que se pueda vender, llegamos al basurero el “fortín”. Es una zona de pequeños cerros enlazados, formando planicies y cuencas que se van llenando de basura. Pensamos que habría algún volcán, por la cantidad de humo, producido por la quema de las basuras. Y entre basura y basura, dentro del humo, muchas figuras humanas, de hombres, mujeres y niños, totalmente cubiertos por harapos, escarbando entre las bolsas y desperdicios, todo, grande o minúsculo buscando aquello que pudieran utilizar, vender o comer.

Saludamos a los que se atrevían a acercarse y nos contaron que ahora la alcaldía los tiene organizados por familias y si viene alguien que les trae algún regalo, llaman a los “pepenadores” por su nombre para evitar que los “independientes”, que entran y salen por su cuenta, se los roben. Les miramos a los ojos para despedirnos y decir que pronto volveríamos. No supimos si sonreían pero sus manos, negras por la suciedad y el humo, nos saludaron con la esperanza y la necesidad de que regresáramos con ayuda. ¡Ellos nos robaron el corazón! No era pobreza, era miseria…

¿Por qué “pepenadores”? Cuando en Nicaragua, se mata un cerdo todo se aprovecha, menos algo que llaman “pepena”: lo que nadie quiere, lo que no sirve, lo último, lo que se tira… De ahí viene el nombre que los identifica.

MFA se pone manos a la obra

En el siguiente encuentro de MFA se prendió la chispa y ¡explotó la pólvora!. Surgió la idea de solicitar la ayuda de los niños y padres de familia del colegio colaborando en la nueva campaña. Enseguida las hermanas se pusieron en marcha y animaron a los alumnos para que compartiesen con sus hermanos los pepenadores. La Coordinadora de MFA animó a docentes y alumnos, mientras las hermanas recordaban la misión a los niños. Con todos sus pequeños aportes se logró aumentar los alimentos para las familias y aún así no eran suficientes.

Pedimos ayuda a nuestro “ángel” de Chinandega y con su apoyo, logramos completar los paquetes de las 70 familias para toda una semana. Les conseguimos 2 paquetes de buena ropa para niños y adultos. Realmente ¡nos sentíamos felices!

El día de la entrega partimos en caravana con cuatro vehículos bien cargados. En el “vertedero” nos recibieron muchos pepenadores y tuvimos que recurrir a la “lista” de las familias. Era un verdadero gozo el poder entregar los dos paquetes de ropa y los alimentos tan esperados que, por fin, lograron arrancarles la sonrisa de la alegría. Un donante inesperado, “casi milagroso” nos entregó la gaseosa y el dulce como broche final.
Saliendo sin nada más que dar, partimos con el corazón lleno de alegría y en los labios las gracias al Señor de la vida, por permitirnos ser instrumentos de sus manos.

H. Ana Gelabert

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