23 de abril en Camerún

23 de abril en Camerún


Merci, merci… Mère Alberta! Así han cantado esta mañana nuestros alumnos de la Escuela San Francisco Javier de Ngovayang al terminar a Eucaristía.

Esto no es más que una sencilla crónica porque habría tanto que decir y contar…! Pero la descripción de nuestra jornada sería casi imposible, desborda…

A las 10 de la mañana hemos tenido la Misa, sencilla pero bien preparada. Enseguida he podido apreciar el progreso. Desde mi visita a Ngovayang en febrero de 2013 hasta el día de hoy he observado eso, progreso. Progreso en disciplina y orden, en la capacidad de concentración de los niños, en el canto, en el conocimiento de la Madre y el cariño hacia ella, de la que hablan como ¡algo suyo! Progreso, para resumir, en la capacidad de aprender que percibo.

En el estudio que sigo por las tardes con nuestras niñas del Foyer Notre Dame de la Merci me ha llamado la atención que las niñas se concentran con mayor facilidad, las mayores piden el diccionario y lo manejan con normalidad, se las ve interesadas y buscan… buscan, en un diccionario.

Después de la Misa y un rato de descanso nos hemos reunido bajo los árboles (el “patio” del colegio) y ha comenzado el programa, ¡cómo no! con una serie de bailes en los que danzaban a gusto especialmente las más pequeñas. Después ha venido “lo serio”, nada menos que un concurso sobre el tema del día: “Madre Alberta”.

Esta vez han sido dos equipos de los mayores, cada uno con su portavoz para dar las respuestas. Tres profesores llevaban las preguntas preparadas a partir del cómic de la Madre y tengo que reconocer que me emocionaba y asombraba cuando oía respuestas perfectas e increíbles en estas latitudes:
¿Dónde nació M. Alberta? En “Polensa”…
¿Fecha exacta de su nacimiento? El 6 de agosto de … 1837!
¿Cuántos hijos tuvo y cómo se llamaron? Tuvo 4 hijos, y se llamaron… Catalina, Bernardo, Alberto y… Albertito…
Bueno…

Ha habido un equipo ganador con 10 puntos y el “vencido” se ha resignado con 9 puntos. Ha habido un chupa chup para todos. Me ha impresionado en todo momento la alegría de estas niñas y niños que “se sienten en casa”.

Esta tarde hemos tenido en el Foyer un teatro nada menos que en tres actos:
La muerte de Francisco y la oración de Alberta.
La visita de D. Tomás y la respuesta de Alberta.
Madre Alberta entra en el Colegio de la Pureza.

No os puedo contar cómo ha salido… pero sí os puedo decir que LA PUREZA ESTÁ AQUÍ, que ¡“la misión nos urge”! y que nuestras tres Hermanas, Socorro, Irène y Mercedes, contra viento y marea, “…cuidan y animan a esas niñas y las llevan a paseo… y van formando en ellas convicciones y sentimientos, haciendo que por sí mismas huyan el mal y anhelen el bien”.

Doy infinitas gracias a Dios por haberlo podido constatar, por el espíritu de la Madre en la Congregación, y también en Ngovayang, en su tercer año de fundación. Merci, merci… Mère Alberta! Felicidades a todas.

H. Begoña Portilla

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