¿QUÉ VIENTO TE MUEVE?

¿QUÉ VIENTO TE MUEVE?

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He mirado tantas hojas en este otoño que ha pasado despacio
casi, casi de puntillas y he pensado…

¿Qué viento me mueve?, ¿en qué hoja me siento reflejada?

Tal vez, en las hojas amontonadas, como dándose calor, mezclando colores. Del vivo amarillo al verde tornasolado, del rojo vibrante al naranja juguetón, o al marrón que guarda y esconde la belleza de la hoja… zarandeadas por el fuerte viento que arrastra belleza y color lejos.

¿Soy una de esas hojas?

Tal vez sea la hoja que vuela alto movida por un viento impetuoso. Ella me recuerda el viento del Espíritu que sopló fuerte en Pentecostés. Deseosa de volar alto, hasta poder tocar la copa del árbol que antes rebosaba hojas verdes, rebosantes de vida.

Puede que sea esa hoja que anhela la soledad del terreno seco y yermo de este tiempo que apaga unos colores y enciende otros. Y quedarse, y dormirse en la madre naturaleza, en nuestra madre tierra, casa común de los hijos de Dios.

Y, ¿esa hoja que añora ser acariciada por manos infantiles? Enredada entre esos dedos regordetes que miran hasta ver los finos hilos que la traspasan, y tal vez formar parte del herbolario que los niños preparan en el colegio, sueños que se pueden cumplir, te hacen feliz, y haces felices a los que encuentran esa hoja perdida en un parque, en un bosque, en un lago, en un banco…

Incluso podría ser esa hoja suspendida entre cielo y tierra. Mecida por la suave brisa del atardecer en un sutil hilillo, enganchada en el árbol intentando no caer, no alejarse, tener la seguridad de estar protegida, de ser de alguien, formar parte la belleza del árbol seco, frío, oscuro, que tiene escondida la vida dentro, que rebrotará firme y vigoroso en los ardores de la aún lejana primavera.

¿Soy una de esas hojas?

Una hoja que descansa sobre el lago tranquilo, sin viento. Que descansa en un tiempo sin tiempo. Porque no hay prisa y reposa serena, confiada porque no sale de su área de confort… ¿tal vez de esas?

O tal vez la hoja que recibiendo las ráfagas de viento, ha ido hacia los grandes torrentes donde desea saltar hasta perderse entre las ramas secas del cauce del río. Quizá desea ir a parar a un lugar de encuentro con las hojas que han tenido ese mismo deseo de ver el mundo desde otra perspectiva, de ser libre y volar, aspirar a otro cielo nuevo y otra nueva tierra. (Ap.1,1)

¿Qué clase de hoja eres? ¿Qué viento te mueve, o quieres que te mueva?
¡Piénsalo!

Hermana Mª Jesús Diez, RP.


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