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Fallece la H. Emilia Goicoechea Escuza

Fallece la H. Emilia Goicoechea Escuza

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La H. Emilia Goicoechea Escuza falleció el 15 de junio de 2026 tras una larga vida de entrega al Señor en Pureza de María. Su testimonio estuvo marcado por la sencillez, la disponibilidad y el servicio generoso a las hermanas y comunidades en las que vivió.

Una vida de entrega en Pureza de María

La H. Emilia Goicoechea nació el 30 de junio de 1931 en Miravalles (Vizcaya). Ingresó en el postulantado de Pureza de María el 23 de diciembre de 1952 en Son Serra. Emitió sus votos temporales el 12 de septiembre de 1955 y realizó la profesión perpetua el 19 de septiembre de 1960 en Madrid.

A lo largo de su vida religiosa estuvo destinada en distintas comunidades de la Congregación. Comenzó su camino en Manacor en 1955. Un año después fue enviada a Santa Cruz de Tenerife. Más tarde vivió en Bilbao, en León (Nicaragua), en Madre Alberta (Palma) y en Casa Madre, donde residió desde 2011 hasta que fue destinada de nuevo a la enfermería de Madre Alberta.

Servicio silencioso y cuidado de la comunidad

La H. Emilia desarrolló su misión principalmente a través de tareas sencillas y necesarias para la vida cotidiana de las comunidades. Se encargó de diversos trabajos de la casa y colaboró allí donde era necesario.

Además, cuidó con dedicación a hermanas enfermas. También ayudó durante una temporada en Valldemossa y desempeñó servicios como sacristana. Durante años se ocupó de la lavandería y de preparar con esmero el comedor, contribuyendo a crear un ambiente de familia y acogida.

Su trabajo, muchas veces discreto y silencioso, fue una expresión concreta de amor y entrega. A través de los pequeños gestos de cada día hizo presente el espíritu de servicio que caracteriza a la vida religiosa.

Gratitud por una vocación fiel

La Congregación da gracias a Dios por la vida de la H. Emilia y por tantos años de fidelidad vividos con sencillez y generosidad.

Su recuerdo permanece unido al de tantas hermanas que han dedicado su vida al servicio de Dios y de los demás desde tareas sencillas, pero profundamente valiosas.

Con gratitud y esperanza cristiana, la encomendamos al Señor y confiamos que ya goza de la plenitud de la Vida que Él promete a quienes le siguen con fidelidad.

 


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