COGER AIRE, TOMAR DISTANCIA, VIVIR

aire

COGER AIRE, TOMAR DISTANCIA, VIVIR

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El aire que se cuela sin permiso por entre las rendijas del corazón o del alma.

El aire que recorre tus pulmones dándote fuerza para seguir viviendo.

Coger aire

Coger aire para disfrutar de los olores de la madre tierra, del perfume de las flores silvestres o de una rosa que atrae tu atención.

Toma aire para poder levantar la voz en defensa de los sin voz, para poder cantar por aquellos a los que apagaron su voz (como dice la canción). Para respirar profundo, hasta el fondo, hasta los sótanos donde has dejado escondido lo que te hace daño, lo que  rompe en pedazos esa paz que persigues un día y otro… ahí, en tu interior.

Coger aire para poder cantar las notas que se escaparon del antiguo pentagrama, que recogía esos instantes casi olvidados  de la lejana adolescencia, anotados en ese descolorido diario que a veces añoras.

Tomar distancia

O tomar distancia, para ver enfocados los recuerdos que se han amarilleado después del paso de los años.

Para ver que el blanco era blanco, aunque ahora lo veas gris. Que la sonrisa era sincera aunque ahora esté desenfocada.

Que tu vestido preferido sigue siendo rojo, aunque ahora no lo descubras en la foto, pero sí está fresco en los recuerdos de aquella primera cita de verano, paseando entre los  trigales dorados, una cita que era un paseo, una conversación, un descanso, una fuente…

Tomar distancia para sacar del armario de los disfraces,  el gastado traje de novia de la abuela, o el chaleco con ojales del abuelo.

Tener distancia, para mirar a los demás con ojos libres y limpios a las personas que han ido jalonando tu vida, tus años, sean mucho o pocos, pero que al tomar distancia descubres con otros bordes y otra nitidez y otros matices.

Porque la distancia equilibra, dulcifica, serena, coloca en su lugar.

Personas, lugares, situaciones, todo se sitúa, como en un gran puzzle que es la misma vida. En ella cada pieza es importante, imprescindible.

Vivir

Coge aire, toma distancia y luego estira con fuerza los músculos del corazón y vive. Vive el día a día, minuto a minuto. Vive desde la sabiduría que dan los años, los fracasos, los éxitos, el levantarte una y otra vez, porque todo es vivir.

VIVIR saboreando cada instante cómo si fuera el mejor vino que nunca hayas probado. O quizás el mejor perfume, o el más bello amanecer o anochecer.

Vive, coge aire, toma distancia, VIVE.

Si el Espíritu nos da vida, andemos guiados por el Espíritu (Gal 5, 25)

Hermana Mª Jesús Diez, RP.


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