BENDITA FELICIDAD

Felicidad

BENDITA FELICIDAD

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Poco a poco he ido descubriendo  la felicidad… Tal vez como pequeños sorbitos de champán, que juegan en la garganta reseca y llegan dentro. ¿Dónde?

¿Dónde estás, felicidad?

Entre los dedos de tu madre  que son bálsamo para el camino, en la sonrisa contagiosa de mis sobrinos cuando puedo pasar un rato con ellos y en el repique de unos platillos en el teatro.

La felicidad es un momento, unos segundos, a veces arrancados del calendario que se está terminando o en los hilvanes de un te quiero que se quedó fuera por falta de tiempo. Se busca en los mil placeres que nos engullen cada día con su continuo martillear en sus luces de neón que se mueven al ritmo frenético de la música rock.

La felicidad es caminar bajo la lluvia tan necesaria y beneficiosas y ¡hasta mojarte!. Porque es una sensación increíble notar cómo las  gotas resbalan  por tu piel, y tus pies  queriendo chapotear  en los charcos, o tal vez cómo en la famosa película “Cantando  bajo la lluvia” ponernos a bailar. Pero… eso lo hacen los niños, que saltan y danzan y se mojan felices a veces hasta con la lluvia fuerte que golpea las aceras y las farolas, nosotros más bien esquivamos  los charcos porque nos molestan o nos constipan los pies mojados.

El tiempo de la felicidad

Los minutos, las horas de felicidad son cortas, como corta es la vida de las mariposas, pero… es tan grande su belleza que su vida alegra la vista por unas horas.

Así  pasa con la felicidad. Unos minutos mirando un atardecer, una oración en la penumbra de un monasterio silencioso, una caricia de unos dedos diminutos que te acarician la cara, las manos, y esos ojos que te miran, te miran, como queriendo descubrir ¿qué?

La felicidad es un verso en un poema. Es una  partitura que sabes desde niña, un cuento que se esconde en el baúl del desván y te lleva al túnel del tiempo y hace que resuena  en ti aquella voz que te leía por las noches.

La felicidad es poder compartir un rato saboreando el estar juntos, cómo se saborea el vino añejo  o las castañas que compramos en nuestras calles, tan nuestras y tan calentitas.

Por eso, bendita  felicidad descubierta en las pequeñas cosas ordinarias, que se hacen extraordinarias.

Bendita felicidad descubierta con el paso de los años, cuando las canas ya no se cuentan ni nos llaman la atención, y los días se viven  en plenitud, con esa intensidad del amor primero o la primera cita.

Bienvenida feliz cotidianidad llena de pequeños detalles que van formando un racimo al terminar el día, y puedes decir: hoy, de nuevo mi racimo está lleno de vida, de belleza y de esperanza.

BIENVENIDA A CASA, FELICIDAD DE LA VIDA COTIDIANA.

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