Apertura del Centenario

Apertura del Centenario

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La familia de la Pureza se ha congregado en la Catedral de Mallorca, hoy 21 de diciembre de 2022 a las 11h, para dar apertura a la celebración del centenario de la muerte de Madre Alberta.

La eucaristía ha sido presidida por el Obispo de Mallorca Mons. Sebastià Taltavull y concelebrada por un gran número de sacerdotes entre los que se encontraban el Obispo Mons. Sebastián Ramis, F. Manuel Romero, D. Teodoro Suau, D. Juan Bauzà, D. Paco Ramis, P. Javier Montserrat, P. Pablo Guerrero, D. Jaime Ripoll, D. Toni Pons, D. Baltasar Morell, D. Antoni Dols, D. Lorenzo Sastre, D. Toni Pujol, D. Fernando Moran, D. Toni Mercant, D. Carles Seguí, D. Marc Capo, D. Pere Fiol y D. Jaume Ripoll entre otros.

Los asistentes a la Eucaristía de Apertura del centenario han sido alumnos de los colegios de Madre Alberta, Inca y Manacor, profesorado y personal de estos colegios, del CESAG y de Establiments. Además han asistido las cinco comunidades de la isla y la hermana Elisa Anglés, Superiora General, y su Consejo General. También han participado de la misa miembros de MFA, exalumnas y amigos de esta gran obra de Madre Alberta.

En el resto de lugares donde la Pureza está presente se celebra a lo largo del día de hoy una eucaristía en la Catedral del lugar, para que todos los amigos de la Pureza se puedan unir a este gran evento de la apertura del centenario.

Palabras de Mons. Sebastià Taltavull en la homilia del centenario

«Da gozo vernos aquí, iglesia viva, en un día en que celebramos la acogida en el cielo de Madre Alberta hace 100 años. Madre Alberta buscó a quien había que amar y pensando donde había más necesidad, especialmente entre la mujer, se decidió por estar cerca de aquellos que más nos necesitan. ¡Gracias por ella! Porque si somos lo que somos, aprendemos lo que aprendemos, trabajamos lo que trabajamos, es gracias a ella.

Maria atraviesa toda Palestina para ir a ayudar a su prima. Se puso en camino deprisa, tenía que ayudar a una persona que la necesitaba. Madre Alberta se decide a hacer todo este trabajo con una opción decidida por ir deprisa. Hace falta que hoy recojamos este testimonio y pensemos cómo hemos de ir decididamente a ayudar a los demás y a encontrarnos con el Señor.

¿Qué podemos hacer para hacer lo mismo que hizo Maria, para hacer lo mismo que hizo Madre Alberta?»

Mons. Sebastià Taltavull i Anglada.

Palabras de la hermana Elisa Anglés al iniciar el centenario

«Hace 100 años Palma se conmovió en el fallecimiento de Madre Alberta y acudieron multitud de personas a rendir tributo a quien se granjeó un cariño universal. La repercusión de esa huella positiva sigue viva en nosotros. Que este año sea para todos una ocasión para conocer más a esta gran mujer.»

H. Elisa Anglés, Superiora General de Pureza de María.

Hoy hace 100 años

D. Antonio Sancho recoge lo sucedido hace 100 años en nuestra Casa Madre:

«El 21 a las cuatro menos seis u ocho minutos de la mañana falleció. —El mismo día se le celebraron 4 misas en el Oratorio y una en el cementerio, la que oyeron 6 Religiosas de esta Comunidad y las de la Casa Noviciado con las Novicias; y presenciaron después unas y otras su entierro. El funeral se celebró el mismo 22. En la Cruz alzada vino el clero Parroquial de la Catedral, pues es nuestra parroquia, y el Cabildo. El oficio lo celebró el Canónigo M. I. Sr. D. Antonio Sancho, asistiéndole de diácono
el M. I. Sr. D. Francisco Esteve.»

Y continúa:

«La muerte de la Madre Alberta—como diez años antes la supresión de la Normal — dio unanimidad de sentir a toda Mallorca. Todos cuantos pudieron, acudieron a rendirle por última vez su tributo homenaje. Señoras y caballeros
distinguidos se arrodillaban ante su cadáver; y con respeto, con veneración, besábanle la mano. ¡La mano de la Madre!

Telegramas y cartas llegaban de todas partes, trayendo sentimientos de viva adhesión al luto de la Congregación.
Podría hacerse de las cartas de pésame un rico florilegio que sería fiel reflejo del cariño profundo y de la santa veneración que tenían a la Madre todos cuantos la trataron.»

Recogemos la carta que escribió el Obispo de Lérida Dr. D. José Miralles y Sbert a la Superiora General.

«Lérida, 22 de Diciembre de 1922.

Rvma. Superiora General de Hermanas de la Pureza.

Mi Reverenda Madre: En «La Vanguardia» acabo de leer la gran pérdida experimentada por su benemérito Instituto, y me apresuro a dar el pésame a Vd. que lo rige y representa, añadiendo la concesión de indulgencias a tenor del adjunto Rescripto.

Yo pierdo a la más antigua de mis amigas. En Agosto de 1865 el cólera morbo asiático confinó en Felanitx a las familias Civera – Giménez y Miralles Sbert, las cuales, en aquel forzado destierro de Palma, tuvieron ocasión, por ser vecinas, de contraer amistades de las que nunca se borran. Yo quedo el último representante de dichas familias testigo de aquellos tiempos, y, al ver que desaparece «Doña Alberta», como siempre la llamábamos, digo, parodiando al poeta: ¡Cuán solos, Dios mío, Se quedan los viejos! Ahora se explicará Vd. el especial afecto que yo profesaba a la difunta.

Salude a toda esa Rda. Comunidad y mande a su afmo. que las bendice

+ El Obispo.»

El legado de Madre Alberta sigue vivo en la congregación Pureza de María que ella fundó y en todas sus obras que hoy transmiten su carisma y su misión de educar corazones. Madre Alberta, sigue intercediendo por todos tus hijos e hijas desde el Cielo.

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