Fallece la H. María Soledad Rico

Fallece la H. María Soledad Rico

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La H. María Soledad Rico López de Atalaya, religiosa de la Congregación Pureza de María, falleció el 19 de enero de 2026, sobre las 23:30 horas, en la comunidad de Madre Alberta. Su vida estuvo marcada por una profunda vocación educativa, un firme compromiso con la formación y una larga trayectoria de servicio a la Congregación y a la Iglesia.

Una vida entregada a la vocación y la formación permanente

La H. María Soledad Rico nació el 12 de enero de 1935 en Castalla (Alicante). Ingresó en el postulantado el 31 de julio de 1956 en Son Serra e inició el noviciado el 18 de febrero de 1957, en el mismo lugar. Emitió sus votos temporales el 5 de marzo de 1959 y realizó la profesión perpetua el 5 de marzo de 1964 en Barcelona. Celebró sus bodas de plata en 1984 y sus bodas de oro en 2009, en Manacor.

Desde el inicio de su camino religioso, mostró una clara apuesta por la formación continua. Estudió Magisterio en Valencia y se licenció en Filosofía y Letras, sección Pedagogía, en Barcelona. Obtuvo la Declaración Eclesiástica de Idoneidad para distintos niveles educativos, realizó estudios de Teología y Pedagogía religiosa en la Universidad de Navarra y obtuvo la certificación de suficiencia en lengua valenciana. A lo largo de los años participó en numerosos cursos relacionados con la educación, el liderazgo de centros y la formación espiritual.

Servicio educativo y responsabilidades de gobierno

A lo largo de su vida fue destinada a numerosas comunidades: Valencia, Barcelona, Manacor, Madre Alberta, Bilbao, Avenida del Cid, Puerto de la Cruz, CESAG, Granada y Casa Madre, entre otras. Ejerció como profesora, prefecta de estudios, responsable de la Congregación Mariana y ecónoma de comunidad. En Bilbao impartió clases de latín y gramática.

Desempeñó también importantes responsabilidades de gobierno. Fue superiora local entre 1970 y 2006 en distintas comunidades, participó en varios Capítulos generales y fue Consejera general de la Congregación entre 1991 y 1997.

La Congregación agradece profundamente su vida entregada, su dedicación incansable a la educación y su servicio generoso. Confiamos su descanso al Señor y nos unimos en la oración, dando gracias por su testimonio fiel y fecundo.

H. Soledad Rico


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