¿TIENES DOS MINUTOS PARA OLER?

Olor

¿TIENES DOS MINUTOS PARA OLER?

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¿Tienes dos minutos para sentir el olor de…?

¿A qué huelen las fotos olvidadas, detrás de las cajas de miles de armarios?

¿A qué huelen los perfumen añejos en frascos guardados desde antaño o la primera caricia de una pareja de enamorados?

¿Y el sillón vacío de un ser querido que se fue sin billete de regreso?

O los pendientes que ahora vagan por el cajón sin dueño

¿A qué huele el adiós de un amigo, que marcha lejos, que deja heridas por los rincones de tu alma y se lleva de ti los ecos primeros de una confidencia adolescente?

¿A qué huelen los renglones torcidos de ese Dios inmenso?

O las notas sueltas de un pentagrama, o el danzar de las hojas en las tardes de otoño…

¿A qué huele un bebé recién nacido, si no es a vida, a brote nuevo, a puesta de sol en las horas doradas y frías del invierno?

¿O huele a canción nueva, a melodía terminada,  a tarde de chicas, con jarras de limonadas, a fiesta  de jóvenes en noche de pijamas…?

¿A qué huele la fortaleza de una madre o el cansancio diario del obrero?

¿A qué huele una mirada tierna, un… sí quiero?

¿Y el grito, y el silencio?

¿A qué huele la hierba cuando no está mojada y se rompe por dentro esperando ser regada?

¿A qué huele un buen libro, un café, una conversación, un ratito más en la cama?

¿Y los recuerdos pasados, adormilados en las estanterías de lo más alto de nuestro ático?

 

¿A qué huele, dímelo?

¿A qué huele el mar, si no tiene sal?

¿Y el zumbido monótono del vuelo de miles de abejas libando su néctar?

¿O el pelo largo en una mujer madura, o el carmín en unos labios trémulos?

¿O los ojos ansiosos de una madre en una noche de vela?

¿A qué huele el trigo, y el romero, y las lilas, y los abetos, y el correr bullicioso de las fuentes saltarinas, o el canto de un pájaro al clarear la mañana?

¿O el campo de golf cuando está vacío, y la piscina cuando le falta cloro?

¿O los ojos cansados de un mendigo y la rutina en cadena de una fábrica llena de obreros?

¿A qué huele el canto gregoriano, o los silbidos amorosos de los salmos?

¿A qué huele la brizna de hierba que tomas en tus manos? O las margaritas floreciendo a ras de suelo?

Si tú lo sabes, dímelo sin miedo…

Hay olor para todas las cosas, los días, los momentos: en  las fuentes,  los ríos, los vendavales, los silencios, las noches de verano,  el color de las hojas de  otoño  y las  horas amargas de tu interior como si fuera invierno…

Si  hay olor para todas las cosas: ¿a qué huele un  segundo, una estrella, un reflejo, un te espero, un perdón, un en ti creo?

Si te animas… ¡escríbelo!

H. María Jesús Diez


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