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PUREZA DE MARÍA...

No es simplemente un nombre, es un carisma, una misión y un estilo... es una VIDA... una VIDA que comienza en las entrañas amorosas de Dios, y que nace al mundo a través de una mujer: ALBERTA GIMÉNEZ... una mujer abierta a la acción del Espíritu... una mujer audaz y preocupada por la situación social de su tiempo... una mujer con un carisma personal: ser MADRE y ser EDUCADORA... una mujer con una misión: la de formar corazones, ... una mujer con un estilo: el de la Virgen como modelo de transparencia y de Pureza, vivido dentro de la Iglesia,  en un clima de familia, superando siempre las dificultades, buscando  lo mejor...  

Al profundizar  en la vida de Alberta Giménez profundizamos en nuestra propia esencia, aquello que estamos llamadas a ser: consagradas a Dios  en PUREZA DE MARÍA, y vamos prolongando en el tiempo el don que el Espíritu derramó sobre la madre, y sigue derramando hoy sobre nosotras, sus hijas... 
UN CARISMA... 

El carisma es un don gratuito que concede Dios a una criatura en ABUNDANCIA...
 Dios pensó en Alberta para llevar a cabo su obra, y fue modelando su vida con bondad y misericordia. Mientras… ella se iba dejando hacer con confianza y abandono...  

El carisma específico que la madre recibió de Dios es su ser MADRE Y EDUCADORA, carisma que hoy se hace institucional y por tanto, del que “bebe”  PUREZA DE MARÍA... 

Alberta Giménez... la conocemos como “la madre”...De generación en generación no se ha encontrado otra forma más acertada de llamarla. Ella es simplemente: LA MADRE. Experimentó la maternidad en su propio ser, tuvo cuatro hijos, vio morir a tres de ellos al poco tiempo de nacer…Por aquel entonces se preguntaba qué querría Dios de ella sin saber todavía que iba a recibir una llamada a ser madre no ya sólo de unos cuantos sino de toda una Congregación... Dios le iba a encomendar el cuidado de muchas hijas: las hermanas, las alumnas de la Pureza… y… poco a poco también van entrando los laicos.

Madre Alberta poseyó “la delicadeza de espíritu femenino, atento a lo pequeño, observador del detalle, el “afecto que no mide, que no reclama”, estuvo siempre dispuesta “a poner bálsamo en los corazones amargados”, fue “la mujer fuerte en el dolor”, “sencilla en el obrar”, “ponía naturalidad aun en las cosas sublimes”, rebajaba “los problemas a sus verdaderas proporciones”… (Jose  María Javierre, Maestra y Madre p. 171)

Era una madre…

“ No hay madre que no sepa leer en el corazón de sus hijas, pero pocas como ella habrán sabido comprender y profundizar sus misterios; ninguna, quizá, apreciar tan bien los defectos y bellezas de este mismo corazón, así que fácilmente adivinaba nuestras penas, prevenía nuestros deseos y nos proporcionaba el verdadero contento” (Testimonio de Pilar Cazaña, Summarium p.441)

Madre…con todo lo que esa palabra conlleva de detalle,
delicadeza, abnegación, sacrificio, entrega, ternura,
fortaleza, consejo, corrección… 
Madre… capaz de engendrar vida a su alrededor,
dando calor y alimento, ayudando a crecer,
preocupada por el bien de cada una de  sus hijas...  
           Madre, que sufre en silencio con el que sufre y que goza inmensamente con el que se     alegra...  
           Madre, que es PUREZA, que vive en la Verdad, siendo auténtica, coherente…
           Madre, sencilla y tierna...
           Madre... rica en humanidad...  y abierta a la acción de Dios...
           Madre…pan partido y repartido para todas sus hijas…pan que hace hogar, mesa    redonda, donde todos somos importantes, donde podemos mirar a uno sin dar la espalda a otro…

Así era la madre, así  vivió la madre… en lo más hondo de su  memoria y de su corazón son muchas las  experiencias que, sin duda, guardan  quienes la conocieron…

Esta es la herencia que nosotras, sus hijas, acogemos hoy  sabiendo que como ella también estamos llamadas a ser “madres”, a intuir necesidades, aliviar pesares, repartir cariño a manos llenas…

Y además de madre... Alberta lleva muy dentro su ser educadora, su ser MAESTRA... ya desde muy joven recibió de sus padres una esmerada educación que la iba preparando para el desempeño de su labor docente. Con su esposo compartió una misma  vocación: formar, enseñar, educar...

Siendo viuda recibe un encargo del Obispo: Restaurar el colegio de la Pureza... Alberta, viendo en ello la Providencia de Dios, se entrega en cuerpo y alma a lo que a ella más le entusiasma: EDUCAR... de una manera personal y específica: “Los esfuerzos de las hermanas se dirigirán a formar en sus alumnas convicciones y sentimientos, haciendo que por sí mismas huyan el mal y anhelen el bien” (Pensamiento 505)

Nosotras hoy, como Pureza de María que somos, vivimos el Carisma de la madre y continuamos  la misión que ella nos dejó...

UNA MISIN

“La misión de formar corazones que le tiene Dios confiada, ¡CUAN HERMOSA MISIÓN! ... Piense usted con las palabras de Jesús: Dejad venir a mí a los niños. Esto la alentará como ejemplo dado por nuestro Salvador mismo.

Dios la ha puesto a usted entre esos pequeños, ¡para algo habrá sido! Dios no hace nada sin un fin determinado y plausible.” (De una carta escrita por la madre a la Hna. Oliver en Palma, el 26 de Mayo de 1910)
 

Alberta Giménez educa con un objetivo: el desarrollo integral de la persona, del niño o del joven, cimentado en el mensaje y los valores del Evangelio. La madre apuesta por educar, no por transmitir simples conocimientos... educar todas las dimensiones del ser.

Vivimos para los niños y jóvenes continuamente, ya que, como Alberta misma dice: “La educación no es la obra de un día, sino el resultado de la acción ejercitada por mucho tiempo continua y constantemente”. (EE 326)

Hoy en los colegios Pureza de María las hermanas, en colaboración con los laicos, se entregan a la causa del Reino de Dios en tres continentes: Europa, América y África... y, en culturas diferentes, y entre personas diferentes... la Pureza vive un mismo estilo...

UN ESTILO... 

En la Pureza tenemos un estilo propio... entresacado de la experiencia vivida por la madre, a lo que ella le dio importancia, y la forma peculiar en la que  quiso vivir su ser MADRE Y EDUCADORA... son cinco aspectos que nosotras solemos llamar “notas características” . No están colocados en orden de importancia, todos son importantes, y a la vez todos se enlazan con todos...

EL AMOR A LA VIRGEN

Es una de nuestras notas características... “Con la protección de la Virgen Santísima todo resultará bien” (Madre Alberta)

El amor no se puede imponer... el amor nace, se descubre, y se va arraigando en el corazón poco a poco, con tiempo y cuidado... La madre descubrió a la Virgen, Ella se fue haciendo su confidente y amiga, su refugio... Ella era su modelo de mujer, de Ella imitaba su vida y sus virtudes, su PUREZA... el amor que entre ellas nació, Alberta lo cultivó con mimo, y nos lo de dejó en herencia... había descubierto un tesoro, y quiso que, tanto alumnas como religiosas tuvieran a María como un modelo en su vida...  

Desde tiempo de la madre, en la Pureza tenemos un encuentro con la Virgen muy especial, el “besamanos”... alumnos, profesores, hermanas, familias... todos se acercan al altar para dar un beso a la Virgen de la Pureza, y ponerse bajo su protección...

Los rosarios, las novenas, el mes de mayo, la fiesta de la Pureza el 16 de Octubre,... todos son motivos para acercarnos más a nuestra Madre del cielo, como lo hizo Madre Alberta.

LA DEDICACIÓN A LA TAREA EDUCADORA...

Como hemos dicho, parte del carisma de la madre fue ser EDUCADORA... Dios mismo le encomendó esa preciosa misión... y no la dejó sola... le mostró a su modelo... Jesús Maestro... al que ella acudía diariamente para  aprender a ser maestra...

Como uno más de los apóstoles, la madre se sentaba a los pies del Maestro para escuchar su palabra... “Amaos unos a otros, como Yo os he amado”... “Quien haga daño a uno de estos pequeños más le valdría...” “El padre salió a su encuentro y le comió a besos” “Venid a Mi los que estáis cansados y agobiados, que Yo os aliviaré...” “Mirad que soy manso y humilde de corazón...”. La madre se empapó de las enseñanzas del Maestro, y de esa experiencia profunda brota de su corazón: “Jesús nos ha elegido por hijas y esposas suyas, confiándonos un empleo tan honorífico como es cuidar de la educación y enseñanza de las niñas”.

ECLESIALIDAD...

Desde que la madre recibió el encargo de parte del Obispo Salvá de levantar el colegio de la Pureza, ella vio en la Iglesia la mediadora de la voluntad de Dios, aceptando siempre, como venidas de su Mano, las indicaciones de ésta.

Alberta emprendió esta tarea con espíritu de total colaboración,... primero D. Tomás Rullán, luego D. Enrique Reig, sacerdotes a los que ella apreciaba, escuchaba y encomendaba sus asuntos. Nuestra Congregación, desde 1901, es de derecho pontificio, lo que quiere decir que está a  completa disposición de la Iglesia, en la Iglesia y para la Iglesia.

La Pureza hoy recibe su misión educativa de la Iglesia, y “sentimos con” Ella para colaborar en la construcción de una sociedad más humana, más justa y más solidaria. Una sociedad más acorde con los valores del Reino.

VOLUNTAD DE SUPERACIÓN...

Basta leer un trozo de un escrito espiritual de la madre para darse cuenta de lo exigente que era consigo misma... se exigía porque quería SER SANTA... se sentía llamada a ello... quería ser como Jesús... quería “cristificarse”, quería que en su vida solo existieran sus actitudes....  

Testimonios que conservamos de personas que conocieron a Madre Alberta nos dicen también que era una mujer de vanguardia, preocupada por el avance, abierta al cambio, siempre pendiente de conseguir lo que mejor pudiera ayudar a la educación de hermanas y alumnas.

Esta voluntad de superación de la madre es la consecuencia lógica de una profunda vida interior dirigida directamente a Dios y a su servicio, porque ella también da lo mejor, pone empeño en el trabajo bien hecho y acabado.

ESPÍRITU DE FAMILIA...

La madre... era muy madre... es el otro aspecto que hemos visto de su carisma personal... Una madre reúne a la familia en torno a sí... Alberta Giménez vivió creando familia con su esposo y sus hijos primero, y después entre las hermanas, y con las alumnas.

Madre Alberta trataba de crear familia entre las hermanas, por ello uno de los pilares importantes de la vida religiosa en la Pureza es la vida comunitaria.

El relator de la causa de beatificación de la madre escribe: “La formación de Madre Alberta a sus alumnas se distinguía por el espíritu de familia que reinaba en el ambiente del colegio.” Las alumnas en el colegio se sentían como en casa: “Cuando entro en la Pureza, parece que entro en mi casa” nos cuenta Isabel Mas (Antigua alumna). También nos dice Petronila Fiol: “Era como vivir en familia (vivir en el colegio)... la madre nos trataba como a hijas. Todo era muy familiar”

En la Pureza las personas tienen un nombre, una historia, son rostros concretos, conocidos... Se vive un ambiente en el que se valora y se quiere a la persona misma... intentando seguir las enseñanzas de la madre, intentando vivir un ambiente que ayude a formar  unión.

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