“Llamadas a seguir a Cristo consagrado y enviado para revelar y comunicar a todos los hombres el amor del Padre, las Hermanas de la Pureza, atraídas por la fuerza de Su amor, nos ofrecemos en don total a Dios consagrándonos a Él, con el deseo de participar más intensamente en la vida de Cristo…” (Cf. Const. 15).
Con esta vocación en el corazón inicia su camino de formación la joven que se siente llamada a abrazar la vida consagrada en nuestro Instituto Pureza de María. Su experiencia del amor gratuito de Dios ha sido hasta tal punto íntima y fuerte que experimenta que debe responder con la entrega incondicional de su vida, consagrando todo, presente y futuro, en Sus Manos. (Cf. VC 17)
Así movida por esta intuición, comienza un proceso de discernimiento y de acompañamiento, lo que llamamos Formación Inicial, que consta de tres etapas principales: Postulantado, Noviciado y Juniorado.
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Postulantado
Es la etapa formativa (entre seis meses y dos años) previa al Noviciado en la que se produce un mutuo conocimiento entre la Congregación y la postulante. Durante este tiempo, viviendo ya en la casa del Instituto destinada para ello, la postulante hace experiencia de nuestra espiritualidad, carisma, apostolado y vida comunitaria. Este proceso de conocimiento y adaptación irá dando signos para discernir esta llamada que todavía es incipiente.
Casas-Postulantado:
- - América: León-Nicaragua
- - Europa: Barcelona- España
- - África: Kamina- R.D. Congo
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Noviciado
Impulsada por la llamada de Dios y deseando seguir a Cristo en castidad, pobreza y obediencia como Hermana de la Pureza, la postulante da un paso más en su formación, iniciando el Noviciado que durará dos años.
Esta es una etapa fuerte de “cara a cara” con Jesús, es un edificar “sobre roca”, un poner “cimientos” a lo que será luego la consagración de la propia vida a Dios. Es un abandonarse en las manos del Alfarero, para que Él moldee a la novicia según el proyecto que tiene para ella en Pureza de María. El noviciado es, en definitiva, el comienzo de una nueva vida con Jesús, en Jesús y para Jesús. Es un tiempo de iniciación integral al género de vida que Jesús asumió y que nos propone en el Evangelio. “Se trata de un itinerario de progresiva asimilación de los sentimientos de Cristo…” (VC 65).
Dentro de este proceso consideramos imprescindible:
- Vivir una experiencia fuerte de Dios.
- Hacer experiencia de vida consagrada en su triple dimensión de consagración, comunión y misión.
- Conocer y experimentar la vida de nuestro Instituto, la fuerza del carisma que hemos recibido de Madre Alberta (su vida, nuestra tradición e historia, constituciones, espiritualidad, misión, obras…).
- Hacer un discernimiento más pleno de la propia vocación conjuntamente con la Maestra de Novicias.
- Experimentar lo que es la vida comunitaria, edificando con las demás novicias una verdadera fraternidad basada en la fe y el amor.
Casas- Noviciado:
- Europa: Barcelona- España
- África: Kamina- R.D. Congo
Sin la llamada, no hay posible entrega, sin entrega, la llamada se pierde en el vacío…
Por eso, al final del Noviciado llega el momento de entregarse a Aquel a quien hemos oído, a Quien hemos visto con nuestros ojos, a Quien contemplamos y palparon nuestras manos (Cf. 1Jn 1, 1). La novicia, completamente seducida por Jesús, queda consagrada mediante la profesión temporal (pública) de los votos de castidad, pobreza y obediencia. Y eso es lo que expresa ante Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo el día de la profesión: que ha oído Su llamada, que la ha reconocido, que se ha dejado amar y que quiere corresponder a ese AMOR con su “pobre” amor.
Con la profesión temporal la “recién” Hermana de la Pureza comienza una nueva etapa que llamamos Juniorado.
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Juniorado
Es el tiempo que transcurre desde la profesión temporal hasta la profesión perpetua, en el que se continúa la formación humana, técnica y espiritual que afiance su consagración y la capacite para la vida comunitaria y apostólica de nuestro Instituto (Cf. Norma Aplicativa 106). Durante el Juniorado, la Hermana renovará sus votos pasados tres años de la primera profesión hasta ser admitida a la profesión perpetua.
Con la profesión perpetua finaliza la formación inicial y comienza la formación permanente. La llamada, que al principio era sólo una intuición, se ha convertido en una certeza tan profunda que la Hermana es capaz de entregarse de todo corazón y por todo el tiempo de su vida a Dios y al servicio de la Iglesia, en Pureza de María. Desde ese momento llevará en su mano una alianza que será signo de esta entrega exclusiva y total, de ese amor preferencial a Cristo “que representa de modo peculiar el misterio de la unión esponsal de Cristo con su Esposa la Iglesia…” (Const. 36).
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Formación permanente
Con el Juniorado no termina la formación pues la configuración con Cristo es tarea de toda la vida y estamos necesitadas de una continua conversión. Por esto, movidas por ese deseo de superación que hemos heredado de nuestra Fundadora Madre Alberta, cada Hermana continúa diariamente buscando fuentes de agua viva que respondan a la sed insaciable de plenitud en Cristo que Dios ha puesto en ellas.
Para esto, cada Hermana se apoya en su compromiso y disponibilidad personal; en la comunidad, que es el principal lugar de formación donde nos ayudamos a crecer y madurar humana, espiritual y apostólicamente (Cf. NA 117). Además, congregacionalmente se promueven medios con el fin de que las Hermanas encuentren una ayuda eficaz para crecer en fidelidad a la vocación que han recibido.









